Jorge Cabezas Villalobos
"Mi Patria es Ovalle"
Por Felipe Ramírez Sánchez
Jorge Cabezas Villalobos indudablemente es una persona que lleva a Ovalle en su corazón. Al igual que muchos, sus palabras transmiten un gran amor por su tierra y su gente, sus recuerdos le permiten a uno transportarse a otra época, a un Ovalle diferente, pero que en el fondo, no es distinto al que hoy existe.
Con 50 años, está casado con Margot Marchant. Es padre de cuatro hijos. Periodista de la Universidad de Chile ha sido editor en El Mercurio, Mega, Canal 13 y actualmente dirige el Departamento de Prensa de TVN. Se desempeñó por casi ocho años como director del diario Primera Hora en Puerto Rico, estado libre asociado a Estados Unidos.
Hoy, a pesar de su apretada agenda, se permite un momento para compartir con “Ovallinosiempre.cl” y sus lectores. Dejáremos que sea él, con sus propias palabras, quien nos cuente sobre Ovalle, sus recuerdos, proyectos, y el papel que cumplió la ciudad cuando vivió en el extranjero.
¿Cómo fueron sus inicios en Ovalle? ¿Qué es lo que más recuerda?
Ovalle es mi infancia. Un tiempo feliz. De amigos, situaciones y lugares entrañables: mi plazoleta en la Atenas, del susto cuando venían los maestrancinos disfrazados con sus carros alegóricos para la Fiesta de la Primavera, del estreno de mi auto a pedales “Patito” en esa carretera eterna con puentes que entonces me parecían gigantes de la Plaza de Armas, de los paseos dieciocheros a la pampilla en las afueras de la ciudad (bastaba un árbol frondoso y algún riachuelo para tirar el infaltable cabrito a las brasas) y de ese único e inolvidable año que tuvimos que vivir en Limarí, el pueblo de mis abuelos Juan Villalobos y Dina Álvarez. Y, por supuesto, mi primera escuela, la Número 3, en calle Libertad (donde está hoy el local de Daved) y mi profesora querida de ese tiempo, Lilia Muñoz y donde coincidí a los seis años de edad con uno de mis mejores amigos de toda la vida: Sergio Ovando Barrios.
¿Qué es lo que más lo une a la ciudad?
Le quiero responder con una historia de hace cuatro años. Estaba en mi sexto año de residencia en Puerto Rico. Y la nostalgia me corroía el alma. Mi mujer, viendo que el genio no estaba de lo mejor, tramó con mi secretaria una solución. Un buen día encontré en mi escritorio un sobre con un pasaje a Chile. Vine una semana y mis males de nostalgia se aplacaron. Hablando entonces con mi amigo el médico Lautaro Badilla (casado con la doctora ovallina y experta en transplantes, Jacqueline Pefaur Penna) encontré la raíz de mi mal de entonces. Lautaro estuvo exiliado varios años en Hungría. La patria, me indicó, es un asunto biológico. Entonces, ¿qué me une a Ovalle? Un cordón umbilical que se nutre de aromas, personas, momentos y vivencias. Mi patria es Ovalle.
¿En qué parte de Ovalle vivía? Cuando visita el sector ¿Qué sensaciones le produce?
Viví en varios lugares. Nací cuando residíamos en Ariztía, luego pasé mis primeros años en Independencia (en una casa que mis papás le arrendaban a la familia Castex). Más tarde, vino un año en Limarí y luego, casi toda mi infancia-adolescencia, en la Atenas. La plazoleta Baquedano fue un enorme patio donde jugué, soñé y crecí. Allí tuve mi fábrica de volantines (compraba papel en la Librería Aliaga y las cañas las recogía en un cañaveral en la Quebrada del Ingenio). Y aquí también tuve una empresa de juventud con otros amigos: las funciones de títeres y de películas proyectadas en una máquina improvisada con tarros de leche Milo y filmes calcados en papel mantequilla y pintados a mano, cuadro por cuadro, con lápices de colores. Nuestros amiguitos del barrio eran el generoso público que se sentaba en un improvisado palco a ver esas obras. A partir de ese momento aprendí algo que me ha servido siempre: cualquier empresa, por simple que sea, requiere amor, trabajo en equipo, compromiso, consistencia y, especialmente, mucho entusiasmo.
Cuénteme de su vida en la escuela 3, en el liceo Alejandro Álvarez Jofré y en el Internado Nacional Barros Arana (INBA) ¿Qué hitos destacan en su experiencia en cada uno?
Siempre les digo a mis cuatro hijos que la vida es la perfecta suma de las buenas personas que se cruzan en tu camino. Esas tres instituciones me marcaron para siempre. Y eso fue de la mano de maestros entrañables. De Lilia Muñoz que me enseñó a leer en la Número 3 y de una persona clave, definitiva y enorme: Doña Nelly Martínez de Videla. Ella siempre se paró frente al curso del Liceo para decirnos que de allí, de entre nosotros, saldría un Presidente de Chile. Siempre nos empujó, nos dio alas y nos quiso mucho: nos llamaba sus caras de mono. No puedo olvidar cuando ensayaba las declamaciones que luego haría ante todo el colegio en su casa de la Quebrada del Ingenio. Es una maestra por excelencia. Si era necesario, podía llegar a caballo a hacer clases, tocar el piano como una concertista y enseñar como nos enseñó castellano. Lo mismo en el Barros Arana, mi profesor de filosofía Jaime Vergés y el de historia, Rodolfo “Popo” López. A todos ellos les debo mi amor por la profesión que abracé.
¿Cómo llegó al periodismo? ¿Qué lo ha impulsado a lo largo de su carrera y cuáles eran sus sueños cuando egresó de la Universidad de Chile?
El biólogo francés Jacques Monod (citado en una de sus novelas por Carla Guenfelbain) sostiene que las cosas pasan por la perfecta convergencia del azar y la necesidad. Venía de estudiar un año administración de empresas y no muy contento decidí dar la PSU por segunda vez. Me fue súper bien. Y tan confundido como el ganador de un Loto, no sabía si darle el gusto a mi papá postulando a derecho o insistir con ingeniería comercial. Mi cuñado Hernán Marchant me sugirió, basado en sus propias convicciones sobre mi perpleja vocación, que probara con Periodismo. Y lo hice, pese a la protesta paternal. Periodismo fue –siempre lo he dicho– un amor a primera vista. Esta carrera tiene muchos caminos y derivadas. Yo escogí la de ser periodista-periodista a tiempo completo. Mi sueño al salir de la U. de Chile era servir, construir un mejor país, abrir puentes para que los más carenciados se suban al carro del desarrollo. Y después de 30 años, sigo montado arriba de esos mismos propósitos.
¿Imaginó alguna vez que dirigiría las áreas de prensa de Canal 13 y TVN?
Un viejo periodista me dijo temprano que esta carrera tiene un componente que la hace fascinante: siempre sabes donde comienzas y nunca donde terminas. Empecé como reportero policial y estoy viviendo un sueño hecho realidad: dirijo el Departamento de Prensa de TVN, el canal más importante de Chile. Son 300 personas que tienen a su cargo los noticieros líderes del país, programas emblemáticos como Informe Especial, Esto No Tiene Nombre, Estado Nacional y Factor Guillier y, desde marzo, el canal de noticias 24 Horas. Este último es mi proyecto regalón y donde he puesto el mejor de mis empeños y experiencias. Aunque le confieso que la tele es mi amor prohibido, y los diarios, mi amor verdadero.
¿Qué es lo que más destacaría de su labor al frente de “Primera Hora” en Puerto Rico? ¿Qué rol cumplió Ovalle durante ese período de su vida?
Primera Hora tuvo algo de historia épica. Era un extranjero que debía absorber y conocer a una cultura completamente distinta a la chilena. Los puertorriqueños resultaron ser una comunidad rica, llena de matices y con los mismos contrastes que a veces ahogan a Chile. He tenido que ir regularmente y compruebo feliz que ese diario es el más popular de la Isla por su sintonía con una fiel audiencia lectora. ¿Cómo un chileno funcionó en una isla en medio del Caribe? Porque somos un país insular, en medio de la cordillera y el Pacífico. En ese tiempo, Ovalle fue mi conexión, mi cable a tierra con Chile. No por nada, en ese tiempo con mi esposa decidimos invertir en un terreno en el camino a Punitaqui, donde luego habrá una casa. Es lo más parecido a un regreso programado a los orígenes.
¿Conserva amigos de su época de estudiante en Ovalle?
Por supuesto. Veo siempre a Sergio Ovando y estoy en contacto con varios. No quiero mencionarlos porque puedo dejar a alguno afuera de mi lista larga, llena de afectos agradecidos. Tengo pendiente un reencuentro con el 4D de 1975. Ellos, mis compañeros, también forman parte de la suma de buenas cosas que han nutrido mi camino.
Su curso, el 4D 1975, fue parte de una generación especialmente exitosa, con puntajes nacionales y todos sus estudiantes en la Universidad ¿A qué cree que se debió eso? ¿Cree que es posible que suceda eso hoy en día?
Tuvimos profesores excepcionales. Nosotros pusimos el entusiasmo. Y sí creo posible esto ahora. Es cuestión de empeño y buenos propósitos.
¿Cómo vio la destacada campaña que cumplió “Ovalle” en la última copa Chile?
Sigo pendiente y añorando ver a Ovalle en primera división. Las tardes de domingo en el estadio fiscal viendo a los verdes del Limarí son también un bonito recuerdo.
Dada su posición privilegiada en los Medios de Comunicación ¿Cómo diría que es percibida Ovalle por la gente? ¿Qué imagen proyecta la ciudad?
Ovalle es un lugar con muchas oportunidades. Me dio gran alegría ver que organizaron una Feria de la Vendimia. Pero más allá de la industria vitivinícola hay cosas en que somos imbatibles, como en la producción de otra decena de productos agropecuarios. La feria de Ovalle es un lugar único, irrepetible. Muchos, y me incluyo, la ubican como la mejor de Chile. Es imposible sentir en otro lugar el olor de los primores de todo tipo mezclado con el aroma penetrante del comino y la pimienta.
¿Qué cree que le haría bien a Ovalle como ciudad?
Creerse el cuento de que somos una ciudad con sello agrícola. Y mostrarlo. Venderlo como tal. Antes tuvimos la maestranza, pero a los trenes se los llevó la modernidad. Ahora, tenemos un paisaje agrícola que nada ni nadie podrá erradicar.
Para finalizar ¿Qué consejos le da a la juventud ovallina?
Les regalaría esta frase que saqué de un libro de Fernando Savater, el filósofo y escritor español. “La inquietud caracteriza el corazón de nuestro corazón. Inquietud: es decir, que la rutina instintivamente apaciguadora –aún acrisolada por éxitos parciales- nunca bastará para seguir viviendo humanamente. Ser humano consiste en buscar la fórmula de la vida humana una y otra vez”. Esto quiere decir que no hay que conformarse. No dejar que la rutina te atrape. Perseverar, buscar y aprovechar las oportunidades. Ahí está el verdadero sabor de la vida.
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